Un día de entrevistas, de principio a fin
La primera es a las diez, frente a frente. Dejas el celular sobre la mesa y tocas grabar; la pantalla se puede apagar y la grabación sigue, así que no te quedas cuidando el teléfono en vez de escuchar. La segunda es a la una y la grabaste con una grabadora de mano, porque el sonido importaba. La tercera te la mandaron ya grabada.
Las tres terminan igual: una nota con la transcripción separada por voces, el resumen en el formato que hayas elegido y el audio al lado. A las seis de la tarde no tienes tres formatos distintos en tres lugares distintos, tienes tres notas en la misma carpeta y una sola búsqueda que las recorre.
Las dos cosas para las que esto sirve de verdad
Encontrar la cita. Una entrevista de una hora tiene, con suerte, tres o cuatro frases que van a salir publicadas. Buscarlas escuchando es el trabajo que nadie quiere. Con el texto delante buscas la palabra, y si no recuerdas la palabra le preguntas a la nota por el tema.
Sostenerla después. Cuando alguien dice que no dijo eso, lo único que resuelve la discusión es la grabación. Por eso el audio se queda con la nota en vez de desaparecer una vez transcrito: la cita y la prueba viven en el mismo sitio.
Dos caminos de entrada, una sola clase de nota
Puedes grabar y transcribir en el iPhone o importar el archivo que ya tienes. Tomes el que tomes, la nota que llega trae la misma transcripción por hablante, los mismos siete formatos de resumen y la misma conversación con la IA.
Eso importa cuando el material de un mismo reportaje viene de tres sitios. Una carpeta puede tener las entrevistas que grabaste, las que te mandaron y el video de la rueda de prensa, y la búsqueda las cruza todas a la vez.

